Securitas Direct ahora se llama Verisure: misma compañía, mismo servicio, nuevo nombre. Damos servicio en Celanova, Ourense. Te llamamos, escuchamos cómo es tu casa y te damos el precio cerrado. Sin compromiso.
Sin sorpresas: esto es exactamente lo que ocurre después de darle al botón.
Una persona te llama en menos de 24 h laborables. Ni robots ni centralitas: hablas con quien lleva la zona.
Te preguntamos cómo es tu vivienda en Celanova: accesos, si la dejas sola, si hay jardín o local. De ahí sale el equipo que necesitas.
Te decimos qué cuesta tu alarma Verisure (Securitas Direct), qué incluye y qué permanencia tiene. Decides tú, con el precio delante y sin prisa.
Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio de siempre: cambió el nombre comercial, no la alarma, ni la central receptora, ni los técnicos. Si buscas «Securitas Direct Celanova» o «Verisure Celanova», estás buscando exactamente lo mismo.
Por eso verás las dos marcas juntas: los sistemas se comercializan como Verisure, pero mucha gente los sigue conociendo como Securitas Direct. Tu alarma, tu app y tu contrato funcionan igual con uno u otro nombre.
Celanova tiene 5.723 habitantes repartidos por un término de 67,3 kilómetros cuadrados, a 530 metros de altitud. Salen 85 habitantes por kilómetro cuadrado, pero ese número no describe bien la realidad: una parte de la gente vive en la villa y el resto está repartido en aldeas y núcleos pequeños por todo el término. Para decidir cómo se protege una casa aquí, lo primero es saber en cuál de esos mundos está.
Celanova funciona como cabecera de comarca: tiene servicios, comercio y movimiento en el casco, y a su alrededor un buen número de núcleos con muy pocos vecinos cada uno. La diferencia entre vivir en la villa y vivir a cinco kilómetros de ella no es de kilómetros, es de gente. En un sitio hay ojos y en el otro puede no haber ninguno durante horas.
Esa dualidad se traduce en tres tipos de vivienda muy distintos, y conviene reconocer la tuya antes de seguir leyendo, porque el sistema que tiene sentido en cada caso no es el mismo.
En el casco hay pisos, casas de calle y edificios con portal. El riesgo aquí es urbano en pequeño formato. Un portal se abre varias veces al día por repartos y visitas; el rellano es un espacio tranquilo donde nadie mira; y las plantas bajas y primeras tienen ventanas, patios interiores o terrazas que no dan a una calle transitada.
Lo que aporta un sistema conectado en este caso no es hacer ruido, sino que alguien de fuera compruebe qué está ocurriendo dentro de tu vivienda cuando se dispara un detector. Una sirena sonando en una escalera solo sirve si alguien decide actuar, y la mayoría de las veces el vecino que la oye no sabe si es un fallo, un despiste o un problema serio.
Hay también un detalle propio de una villa con casco antiguo: muchas viviendas comparten muros y patios con edificios contiguos, algunos de ellos sin uso. Un inmueble vacío pegado al tuyo es un espacio donde nadie entra, nadie mira y nadie escucha, y eso cambia por dónde conviene reforzar la detección. No es lo mismo una medianera con una casa habitada que con una cerrada desde hace años.
Es un perfil muy común en esta parte de Ourense: personas mayores viviendo solas o en pareja en una casa de aldea, con los hijos en la ciudad o fuera de Galicia. La preocupación real de esa familia no siempre es el robo. Muchas veces es más simple: que ocurra algo y no haya nadie cerca a quien avisar.
Un sistema conectado cubre las dos cosas. Por un lado, protege la vivienda de una intrusión con aviso a central. Por otro, permite pedir ayuda pulsando un botón sin tener que buscar el teléfono, y hace que los hijos sepan desde el móvil qué está pasando en casa aunque estén a seiscientos kilómetros. Para mucha gente de aquí ese segundo uso pesa tanto como el primero.
El tercer tipo es la casa familiar que ya no habita nadie de forma continua. La de los padres, la de los abuelos, la que se abre en agosto, en Navidad y en alguna fiesta. Es una casa que puede pasar diez meses cerrada, con muebles, herramientas y recuerdos dentro, y con la llave a muchas horas de coche.
El problema de esa vivienda no es solo que entren: es cuánto tardas en saberlo. Un problema que empieza en noviembre y se descubre en agosto ya no tiene arreglo barato. Con la alarma conectada, la casa deja de estar muda: si pasa algo, el aviso te llega el mismo día estés donde estés, y puedes llamar a alguien de confianza para que se acerque sabiendo qué ha ocurrido.
Es también el caso donde más se agradece la app, porque permite desarmar el sistema a distancia el día que llega un familiar y volver a armarlo cuando se marcha, sin dar códigos a nadie ni depender de que alguien recuerde hacerlo.
Merece la pena decirlo con claridad: el objetivo aquí no es llenar la casa de aparatos ni convertirla en un búnker. Es que una persona mayor pueda seguir viviendo en su casa con la tranquilidad de que, si pasa cualquier cosa, hay alguien al otro lado a cualquier hora. El sistema tiene que ser sencillo de usar, y esa sencillez se decide en el estudio, colocando bien los elementos y dejando el manejo reducido a lo mínimo.
Fuera de la villa, la vigilancia natural es escasa. Los núcleos vecinos son pequeños: A Bola está a tres kilómetros y medio con poco más de mil habitantes, Verea a siete, Ramirás a menos de siete, A Merca a nueve, y Quintela de Leirado o Gomesende ya a doce, sin llegar a los setecientos vecinos cada uno.
Eso quiere decir que en buena parte del término no hay una masa de población alrededor que pueda darse cuenta de nada. La seguridad de la casa no puede depender de que un vecino oiga una sirena, porque puede que el vecino más cercano esté a doscientos metros y tenga ochenta años, o porque su casa lleve cerrada desde la primavera.
La señal sale de la vivienda y llega a la central receptora, que funciona las 24 horas, todos los días. Allí se verifica lo que ocurre dentro antes de mover a nadie, para no generar avisos en falso.
Si hay intrusión, se avisa a las fuerzas de seguridad —en el rural gallego, normalmente la Guardia Civil— y se te avisa a ti al móvil. Securitas Direct, que hoy opera como Verisure, mantiene ese mismo servicio de central: cambió la marca comercial, no la forma de trabajar.
La vivienda tradicional de la zona tiene muros gruesos, varias alturas y casi siempre construcciones anexas: alpendres, bodegas, garajes y dependencias que en su día fueron de labor. Nada de eso se resuelve como un piso, y por eso el estudio se hace mirando la casa.
Los elementos son inalámbricos, así que no hay que picar muros de piedra ni pasar cables por la fachada. Eso importa mucho en casas antiguas donde nadie quiere tocar nada. Y si quieres cubrir además un anexo donde guardas maquinaria o herramienta, se plantea desde el principio como parte del sistema, no como un parche añadido meses después.
Antes de hablar de precio, estas son las preguntas que cambian el resultado:
Y una advertencia práctica sobre las casas cerradas: si vas a instalar en una vivienda que casi no se usa, hay que pensar el sistema para ese uso, no para una casa habitada. Cambia qué zonas conviene cubrir, cómo se arma cuando la familia pasa unos días y cómo se avisa si aparece alguien de confianza sin previo aviso. Un sistema pensado para una casa vivida no funciona bien en una casa vacía.
El servicio parte de 29,90 €/mes, sujeto a estudio personalizado y aprobación previa. Incluye conexión 24/7 con central receptora, aviso a policía, mantenimiento, servicio técnico y app. El mantenimiento y la asistencia técnica van dentro de la cuota, no aparecen luego como sorpresa.
El importe final depende de la casa: no cuesta lo mismo un piso de la villa que una casa de aldea de dos plantas con anexos y varias entradas. Por eso el precio se concreta después del estudio y no antes.
El primer paso es el formulario. Déjanos tu teléfono y te llamamos en menos de 24 h laborables para concretar el estudio: dónde está la vivienda, quién la usa, cuánto tiempo pasa cerrada y qué te preocupa. Con eso sale un sistema pensado para tu caso concreto y un precio cerrado, sin estimaciones de folleto.
Desde 29,90 €/mes, sujeto a estudio personalizado y aprobación previa. Incluye conexión 24/7 con central receptora, aviso a policía, mantenimiento, servicio técnico y app.
Sí. Además de proteger la vivienda, permite pedir ayuda pulsando un botón sin buscar el teléfono, y la familia puede ver desde la app qué está pasando en casa aunque viva lejos. En una aldea con pocos vecinos y casas separadas es, para muchas familias, el motivo principal para instalarlo.
Es el caso donde más se nota la diferencia. Sin sistema puedes tardar meses en enterarte de que ha pasado algo; con él, el aviso te llega el mismo día y puedes avisar a alguien de confianza para que se acerque sabiendo ya qué ocurre.
No. Todos los elementos son inalámbricos y se instalan sin picar muros ni pasar cables por la fachada, que es justo lo que preocupa en las casas tradicionales de la zona.
El sistema tiene alimentación de respaldo y comunicación propia con la central, de modo que un corte eléctrico no lo deja incomunicado. Sigue avisando igual.
Sí. Securitas Direct pasó a llamarse Verisure. Es la misma compañía y la misma central receptora, solo cambió el nombre.
Sí. Se pueden dar accesos distintos a distintos miembros de la familia y armar o desarmar desde la app a distancia, que es lo práctico cuando la casa la usan varios y cada uno va en fechas diferentes.
También damos servicio aquí, y cada una tiene su propia página.
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