Securitas Direct ahora se llama Verisure: misma compañía, mismo servicio, nuevo nombre. Damos servicio en Gáldar, Las Palmas. Te llamamos, escuchamos cómo es tu casa y te damos el precio cerrado. Sin compromiso.
Sin sorpresas: esto es exactamente lo que ocurre después de darle al botón.
Una persona te llama en menos de 24 h laborables. Ni robots ni centralitas: hablas con quien lleva la zona.
Te preguntamos cómo es tu vivienda en Gáldar: accesos, si la dejas sola, si hay jardín o local. De ahí sale el equipo que necesitas.
Te decimos qué cuesta tu alarma Verisure (Securitas Direct), qué incluye y qué permanencia tiene. Decides tú, con el precio delante y sin prisa.
Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio de siempre: cambió el nombre comercial, no la alarma, ni la central receptora, ni los técnicos. Si buscas «Securitas Direct Gáldar» o «Verisure Gáldar», estás buscando exactamente lo mismo.
Por eso verás las dos marcas juntas: los sistemas se comercializan como Verisure, pero mucha gente los sigue conociendo como Securitas Direct. Tu alarma, tu app y tu contrato funcionan igual con uno u otro nombre.
Gáldar tiene 25.108 habitantes y 61,6 kilómetros cuadrados de término en el norte de Gran Canaria, con una densidad media de 407,6 personas por kilómetro cuadrado. Esa media no significa gran cosa cuando el municipio va desde la costa hasta las medianías, con el casco a 124 metros sobre el nivel del mar y barrios repartidos por todo el desnivel. Aquí, dos viviendas del mismo municipio pueden tener situaciones de seguridad completamente distintas.
Gáldar no es un pueblo compacto rodeado de campo. Es un casco urbano histórico con calles estrechas y edificios pegados, más una serie de núcleos y viviendas repartidos hacia la costa y hacia arriba, entre fincas y barrancos. La forma de proteger una casa cambia radicalmente según dónde esté:
Cuando alguien nos pide un estudio desde Gáldar, esto es lo primero que preguntamos. No se protege igual una casa terrera con finca que un piso a dos calles de la iglesia.
Hay una circunstancia muy común en Gran Canaria que casi nunca se tiene en cuenta al hablar de alarmas: el propietario que no vive en la isla. Puede ser una casa familiar heredada, una vivienda que se usa en vacaciones o la casa de alguien que se marchó a trabajar a la Península.
Si es tu caso, tienes un problema que no tiene quien vive a diez minutos: no puedes pasarte a comprobar nada. Ir a ver si todo está bien implica un vuelo, un día libre y un coche. En la práctica, eso quiere decir que pueden pasar meses hasta que sepas que ha ocurrido algo.
Un sistema conectado a central receptora es lo único que elimina esa distancia. Si salta un detector un martes de febrero a las tres de la mañana, en la central lo ven, verifican qué está pasando, avisan a la policía si hay indicios y te llaman a ti, estés donde estés. Te enteras ese mismo día, no en agosto.
En la franja costera del municipio y en las zonas de finca hay bastante vivienda de uso ocasional. Se abre el sábado, se cierra el domingo por la tarde y el resto de la semana no la pisa nadie.
Esa rutina es fácilmente legible desde fuera. No hace falta vigilar a nadie: basta con ver qué casa tiene el coche los sábados y ninguno de lunes a viernes. Y a esa regularidad se le suma que en muchos de esos entornos no hay comercio, ni tráfico, ni gente paseando entre semana.
Con detección propia y aviso hacia fuera, esos cinco días dejan de ser un agujero. La casa está sola, pero no está desatendida.
En un término de 61,6 kilómetros cuadrados con actividad agrícola, muchas viviendas tienen algo más que la casa: un cuarto de aperos, un almacén, un garaje exento, una zona de finca con instalación de riego o herramienta.
Ese entorno tiene además una característica propia del norte de la isla: los accesos suelen ser caminos y pistas que no llevan a ningún otro sitio. Quien entra por ahí va a tu casa o a la del vecino, no está de paso. Pero, al mismo tiempo, tampoco hay nadie viendo quién sube.
Casi siempre están peor protegidos que la vivienda y casi nunca se mencionan cuando se pide presupuesto. Merece la pena hacerlo, porque a menudo es donde hay material caro y donde una cerradura sencilla es toda la seguridad que existe.
La costa norte de Gran Canaria tiene humedad alta buena parte del año, salitre en todo lo que mira al mar, viento y episodios de calima que lo llenan todo de polvo fino. Ningún dispositivo instalado de cualquier manera aguanta eso mucho tiempo.
Por eso importa que el mantenimiento y el servicio técnico estén incluidos en la cuota. No es una línea de folleto: en una vivienda cuyo dueño está en otra isla o en la Península, que alguien se ocupe de que el sistema siga operativo es la mitad del servicio.
La instalación es inalámbrica y sin obra, lo que encaja bien tanto en el casco antiguo como en las casas terreras de bloque. La configuración habitual combina:
Todo funciona con alimentación de respaldo y comunicación propia, así que un corte de luz no deja la vivienda desprotegida.
Ninguno de esos pasos depende de que tú estés cerca, ni de que un vecino oiga la sirena, ni de que sea agosto. Esa independencia es exactamente lo que hace falta en una vivienda insular cuyo propietario puede estar a mil kilómetros.
El municipio está muy bien acompañado: Santa María de Guía de Gran Canaria a apenas 1,8 kilómetros, Agaete a 6,8, Moya a 7,5, Firgas a 11, Arucas a 12,8 y Valleseco a la misma distancia. Es una comarca compacta, con núcleos muy cercanos entre sí y buena conexión por carretera hacia toda la vertiente norte.
Eso significa que el tránsito entre municipios es constante y que un vehículo desconocido no llama la atención en ninguna parte. En una comarca así, la protección no puede basarse en que alguien note algo raro, porque lo raro no se distingue.
Hay un conjunto de creencias muy extendidas que conviene revisar sin dramatismo, simplemente porque no aguantan el análisis:
Ninguna de estas medidas sobra. Lo que ocurre es que ninguna hace lo único que aquí de verdad hace falta: avisar en el momento y desde una vivienda cuyo dueño puede estar a un vuelo de distancia.
El servicio arranca desde 29,90 €/mes, sujeto a estudio personalizado y aprobación previa. Incluye la conexión 24/7 con la central receptora, el aviso a policía, el mantenimiento, el servicio técnico y la app.
Para poder concretar un precio necesitamos saber si es piso, casa terrera o vivienda con finca, cuántos accesos reales hay a nivel de calle, si tiene azotea accesible, si existen anexos como almacén o cuarto de aperos y cuántos días al mes se ocupa. Déjanos tus datos en el formulario y lo estudiamos contigo sin compromiso.
No dependes de nadie que se pase a mirar. La señal llega a la central receptora, allí se verifica lo ocurrido, se avisa a la policía si hay indicios y te llaman a ti el mismo día. Además, desde la app puedes consultar el estado de la vivienda cuando quieras, estés donde estés.
Se valora en el estudio, y en el casco de Gáldar es un punto importante. Las azoteas comunicadas y los patios traseros son accesos reales que casi nadie contempla porque no se ven desde la calle.
Sirve especialmente. Los cinco días que no estás son los días en los que la vivienda está sola y en los que el patrón se nota desde fuera. La alarma cubre justo esa franja, sin depender de que alguien pase a comprobar nada.
No. El sistema es inalámbrico y se instala sin picar pared, tanto en vivienda antigua del casco como en construcción más reciente.
Se puede valorar según dónde estén y qué se guarde. Conviene mencionarlo en el estudio en lugar de darlo por incluido, porque son construcciones separadas y necesitan su propio planteamiento.
Sí. Securitas Direct pasó a operar en España bajo la marca Verisure, con la misma central receptora, el mismo mantenimiento y el mismo servicio técnico detrás.
No damos plazos cerrados porque dependen del estudio previo y de la agenda técnica en la zona. Lo que sí podemos hacer es arrancar el proceso: deja tus datos en el formulario y seguimos desde ahí.
También damos servicio aquí, y cada una tiene su propia página.
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