Securitas Direct ahora se llama Verisure: misma compañía, mismo servicio, nuevo nombre. Damos servicio en Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas. Te llamamos, escuchamos cómo es tu casa y te damos el precio cerrado. Sin compromiso.
Sin sorpresas: esto es exactamente lo que ocurre después de darle al botón.
Una persona te llama en menos de 24 h laborables. Ni robots ni centralitas: hablas con quien lleva la zona.
Te preguntamos cómo es tu vivienda en Las Palmas de Gran Canaria: accesos, si la dejas sola, si hay jardín o local. De ahí sale el equipo que necesitas.
Te decimos qué cuesta tu alarma Verisure (Securitas Direct), qué incluye y qué permanencia tiene. Decides tú, con el precio delante y sin prisa.
Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio de siempre: cambió el nombre comercial, no la alarma, ni la central receptora, ni los técnicos. Si buscas «Securitas Direct Las Palmas de Gran Canaria» o «Verisure Las Palmas de Gran Canaria», estás buscando exactamente lo mismo.
Por eso verás las dos marcas juntas: los sistemas se comercializan como Verisure, pero mucha gente los sigue conociendo como Securitas Direct. Tu alarma, tu app y tu contrato funcionan igual con uno u otro nombre.
Empecemos por lo que de verdad diferencia a esta ciudad de cualquier otra de España. En la mayor parte del país, la casa se cierra a cal y canto de octubre a mayo. Aquí no. En Las Palmas de Gran Canaria se vive con las ventanas abiertas, con las puertas de la terraza corridas y con la brisa entrando doce meses al año.
Eso es una maravilla para vivir y un problema concreto para proteger una vivienda. Porque la mayoría de la gente instala una alarma pensando en la puerta de entrada, y aquí la puerta de entrada casi nunca es el punto débil. Lo son las ventanas de la primera planta que se quedan entornadas, la puerta corredera de la azotea, la persiana que nadie baja porque no hace falta.
Cualquier instalación que se plantee en esta ciudad sin tener eso en cuenta protege el hueco por donde nadie va a pasar.
Las Palmas de Gran Canaria tiene 381.868 habitantes en un término de 100,5 km². La densidad sale en 3.799,7 habitantes por kilómetro cuadrado, unas cuarenta veces la media española.
Pero el dato interesante no es la densidad, sino la forma. Esta es una ciudad larga, estrecha y con muchísimo desnivel: se apoya en el mar, sube por las laderas y se mete por los barrancos. No hay una trama regular en la que todas las manzanas se parezcan. Hay zonas llanas de bloques altos y zonas en cuesta donde las casas se apilan escalonadas, unas encima de otras, con escaleras públicas en lugar de calles.
Esa topografía crea situaciones que en una ciudad plana no existen. La más obvia: la azotea de una vivienda puede quedar a la altura del patio de la siguiente. Lo que en un plano parece una tercera planta, en la realidad tiene un acceso a pie desde la calle de arriba.
La cubierta plana es la norma en la arquitectura canaria, y eso convierte la azotea en un espacio de uso: se tiende, se sube a la lavadora, se guarda cosas, se hace vida. También convierte la azotea en una vía de paso.
Ninguno de estos puntos se cubre con un equipo estándar montado sin mirar la casa. Se cubren cuando alguien va, se asoma y decide dónde tiene sentido detectar.
Con casi 3.800 habitantes por kilómetro cuadrado, buena parte de Las Palmas vive en edificios compartidos. Y ahí tu casa no empieza en la puerta de tu piso: empieza en un portal por el que pasa muchísima gente que no vive allí.
Paquetería, comida a domicilio, técnicos, limpieza, gente que sube a ver una vivienda, obras de rehabilitación. En un bloque de veinte vecinos, la puerta de la calle se abre decenas de veces cada día y nadie identifica a quien entra.
Así que lo sensato es asumirlo: dentro del edificio puede haber cualquiera. Lo que hay que proteger es tu vivienda y sus accesos reales, que en esta ciudad casi nunca son solo la puerta principal.
Piensa en una sirena sonando de madrugada en un bloque del centro. La oyen cincuenta personas y no sale ninguna. Con razón: nadie sabe si es una avería, un despiste del vecino o alguien dentro de la casa.
Lo que aporta valor no es hacer ruido, sino que alguien compruebe qué está pasando. A eso se le llama verificación. La señal del detector viaja hasta una central receptora de alarmas que funciona 24 horas al día, todos los días del año, donde un operador comprueba qué ocurre dentro antes de mover ficha. Si hay una intrusión real, se avisa a la policía y se te avisa a ti; si es un salto sin motivo, se cierra ahí.
Sin verificación, una alarma es un aparato que molesta al vecindario. Con verificación, cuando la central llama, la policía sabe que hay alguien dentro.
En la Península, cuando alguien duda de si ha dejado la casa cerrada, llama a un familiar que vive a veinte minutos. Aquí esa red funciona distinto. Es muy habitual tener el trabajo en la ciudad y la casa de la familia en las medianías, o al revés. Y también es habitual que el propietario esté fuera de la isla temporadas largas.
El resultado es el mismo en los dos casos: hay viviendas que pasan días o semanas sin que nadie se asome. Y el problema de una vivienda vacía no es que alguien entre, sino cuánto tarda alguien en enterarse.
Un sistema conectado ataca exactamente ese punto. La detección es inmediata, la verificación la hace la central y el aviso te llega estés donde estés. Desde la aplicación compruebas el estado de la casa sin depender de que un vecino suba a mirar.
Las Palmas tiene mucha vivienda que cambia de manos con frecuencia: alquiler de temporada, estancias cortas, traslados de trabajo, pisos que se alquilan a turistas. En un mismo rellano puede haber propietarios de toda la vida y gente que se queda cuatro noches.
Esto tiene una consecuencia práctica y muy poco romántica: las llaves circulan. Copias hechas para un inquilino anterior, cajas de llaves colgadas de una reja, códigos compartidos por mensaje. Una cerradura no distingue entre una llave legítima y una copia que alguien guardó.
Una alarma sí. Si tú no has desconectado el sistema, da igual con qué llave se abra la puerta: se detecta la entrada y la central lo verifica. Para propietarios que alquilan, esa es la diferencia entre saberlo en el momento o saberlo al llegar.
Trabajamos en todo el término municipal y en los municipios del entorno, tanto los de costa como los de medianías. Aquí las distancias engañan: los kilómetros son pocos, pero se recorren por carreteras de montaña, así que un vecino a doce kilómetros no está tan cerca como parece.
Entre los seis suman 191.112 habitantes, y fíjate en la mezcla: Telde pasa de 104.000 personas, mientras que Firgas no llega a 7.800. En quince kilómetros pasas de una ciudad grande a un municipio de medianías con casas dispersas por las laderas. Son dos escenarios de seguridad completamente distintos, y por eso el estudio previo importa tanto.
El servicio arranca desde 29,90 €/mes. Es un punto de partida real: la cuota final sale del estudio personalizado de tu vivienda y está sujeta a aprobación previa.
En esa cuota entra lo que hace que el sistema funcione: conexión 24/7 con la central receptora, verificación de los saltos, aviso a la policía cuando procede, mantenimiento, servicio técnico y la aplicación para controlarlo desde el móvil.
Una aclaración que conviene hacer: Securitas Direct opera ahora bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio; cambió el nombre comercial, no la central ni los equipos.
El presupuesto se cierra hablando contigo, porque un piso en la ciudad y una casa en la ladera no necesitan lo mismo:
Desde 29,90 €/mes. La cuota final se fija tras el estudio personalizado y está sujeta a aprobación previa, porque depende del tipo de vivienda, del número de accesos y del equipo necesario. Se te confirma por teléfono antes de que decidas nada.
No, si está bien configurada. Se puede dejar el sistema protegiendo unas zonas mientras otras quedan libres, de manera que la vivienda esté cubierta sin que tengas que cambiar tu forma de vivir. En una ciudad con este clima es lo primero que se define en la visita.
Sí, y es uno de los puntos que más se pasan por alto aquí. La cubierta plana y las viviendas escalonadas en ladera crean accesos por arriba que no existen en una ciudad de tejados inclinados. En el estudio se mira si la azotea, la puerta de cubierta o la fachada trasera son accesibles, y se protegen si lo son.
Es justo el caso en el que más se nota. En una vivienda vacía el problema no es la entrada, sino el tiempo que pasa hasta que alguien se entera. Con el sistema conectado la detección es inmediata, la central verifica y el aviso te llega aunque estés fuera de la isla.
Sí, y es frecuente. Conviene decirlo al pedir el presupuesto, porque hay que acordar quién gestiona el sistema en el día a día y quién figura como contacto para la central. También es la solución cuando has tenido muchos inquilinos y no sabes cuántas copias de llave circulan.
Sí. Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure: misma compañía, misma central receptora y mismo servicio técnico. Solo cambió el nombre comercial.
También damos servicio aquí, y cada una tiene su propia página.
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