Securitas Direct ahora se llama Verisure: misma compañía, mismo servicio, nuevo nombre. Damos servicio en Soria. Te llamamos, escuchamos cómo es tu casa y te damos el precio cerrado. Sin compromiso.
Sin sorpresas: esto es exactamente lo que ocurre después de darle al botón.
Una persona te llama en menos de 24 h laborables. Ni robots ni centralitas: hablas con quien lleva la zona.
Te preguntamos cómo es tu vivienda en Soria: accesos, si la dejas sola, si hay jardín o local. De ahí sale el equipo que necesitas.
Te decimos qué cuesta tu alarma Verisure (Securitas Direct), qué incluye y qué permanencia tiene. Decides tú, con el precio delante y sin prisa.
Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio de siempre: cambió el nombre comercial, no la alarma, ni la central receptora, ni los técnicos. Si buscas «Securitas Direct Soria» o «Verisure Soria», estás buscando exactamente lo mismo.
Por eso verás las dos marcas juntas: los sistemas se comercializan como Verisure, pero mucha gente los sigue conociendo como Securitas Direct. Tu alarma, tu app y tu contrato funcionan igual con uno u otro nombre.
Soria tiene 41.025 habitantes repartidos, sobre el papel, en 271,8 km². La división da 151 habitantes por kilómetro cuadrado, un número que parece de pueblo grande y que no describe nada de lo que pasa aquí.
El motivo es que ese término es enorme y casi todo él es monte, pinar y campo. La gente vive concentrada en un núcleo urbano compacto: unos pocos kilómetros cuadrados con bloques de vivienda, calles estrechas en la parte vieja, ensanches de los años setenta y ochenta y una periferia de adosados y unifamiliares. Fuera de ese núcleo hay kilómetros de nada.
Esa combinación —ciudad pequeña y densa rodeada de vacío— define el planteamiento de seguridad. En el núcleo, el problema es el mismo de cualquier ciudad: portales compartidos, garajes comunes, trasteros y vecinos que entran y salen sin identificarse. Fuera, el problema es el contrario: una casa con nadie alrededor a quien avisar.
Soria está a 1.063 metros, una de las altitudes más altas de cualquier capital de provincia española. Y eso no es un dato para presumir: es una forma de vivir la casa distinta.
El invierno es largo y muy frío. Las viviendas pasan meses selladas, con persianas bajadas y sin ventilar apenas. Nadie deja una ventana abierta en enero. Eso reduce los huecos abiertos, sí, pero introduce otro riesgo que en el norte de Castilla es muy real: lo que se rompe solo en una casa vacía y helada. Una fuga en una tubería, una caldera parada, un radiador que gotea.
Si estás fuera una semana y en el piso revienta algo, no hay nadie que lo vea. Por eso, aquí, una instalación bien planteada no se limita a la intrusión: incluye detección de agua y de humo, y avisos a la central en cuanto se produce el evento, no cuando vuelves y encuentras el desastre. Es la parte del servicio que menos se anuncia y que más se agradece a 1.063 metros.
Con 41.000 habitantes, Soria tiene una escala en la que casi todo el mundo reconoce caras. Ese es su mejor rasgo y, a la vez, la razón de una costumbre muy extendida: aquí se cierra menos y se confía más. Puertas de bloque que quedan abiertas de día, garajes que se dejan sin echar, llaves que se dan a un familiar y ahí se quedan.
El razonamiento —"aquí no pasa nada"— es comprensible, pero se apoya en una idea equivocada: que quien pueda entrar en una vivienda tiene que ser de aquí. Soria está en el cruce de varias vías rápidas y recibe tráfico de paso continuo. La ciudad es pequeña; la carretera no.
Y hay algo más práctico. En una comunidad pequeña, el vecino que avisaría no siempre está: mucha gente trabaja fuera del núcleo, muchos pisos son de personas mayores que pasan temporadas con sus hijos y muchos bloques del centro tienen viviendas cerradas. La red informal falla justo cuando haría falta.
Soria capital concentra buena parte de la población de una provincia que es de las menos pobladas de España. Y casi todo el que vive aquí conserva un vínculo con un pueblo: casa familiar, casa heredada, casa rehabilitada para los veranos.
El resultado es una situación repetidísima: dos viviendas y nunca las dos ocupadas. Los fines de semana, los puentes y buena parte del verano, el piso de la ciudad se queda vacío. El resto del año, la casa del pueblo lleva semanas cerrada, muchas veces en un municipio donde no queda casi nadie durante el invierno.
Las dos situaciones se protegen, pero no igual. Un piso urbano se resuelve con accesos y puertas; una casa de pueblo aislada necesita mirar también el perímetro, los accesos secundarios, la cuadra o el pajar rehabilitado y el hecho de que puede pasar un mes sin que nadie se acerque. Es exactamente el tipo de cosa que se decide en el estudio previo, viendo la vivienda concreta.
Dentro del núcleo urbano hay tres perfiles bastante claros, y cada uno tiene su punto flaco:
El entorno de Soria es la mejor ilustración de lo que significa una provincia despoblada. Golmayo está a 4,1 km, Garray a 5,5 km, Portillo de Soria y Los Rábanos a 5,7 km, Alconaba a 8,3 km, y Velilla de la Sierra, a 7,2 km, tiene 26 habitantes.
Ese dato dice mucho. Si tienes una casa en cualquiera de esos municipios, la idea de "algún vecino se dará cuenta" deja de sostenerse: puede que no haya vecino, o que la casa más cercana esté vacía la mitad del año. Y aunque lo hubiera, el trayecto de una patrulla desde la capital no es inmediato.
Por eso, en un entorno así, lo que aporta el sistema no es el ruido: es que alguien esté conectado a esa casa las 24 horas, verifique el aviso en el momento y active la respuesta con información. La distancia no se acorta, pero el tiempo de reacción sí.
Soria tiene un calendario de ausencias muy marcado. En verano, muchos vecinos se van al pueblo o a la costa y el núcleo urbano se nota más vacío. En las fiestas de San Juan pasa lo contrario: la ciudad se llena y se vuelca en la calle, con jornadas enteras en las que los pisos se quedan solos desde la mañana hasta la madrugada.
Son dos escenarios distintos y ninguno se resuelve echando la llave dos veces. Lo que resuelve es que la vivienda esté armada y conectada mientras tú estás en otro sitio, y que, si algo salta, se compruebe al instante en lugar de esperar a que alguien se dé cuenta.
Desde la aplicación puedes armar y desarmar a distancia, ver el estado y saber si ha ocurrido algo. No tienes que acordarte de nada más que de irte tranquilo.
Una sirena tiene sentido cuando alrededor hay alguien que reacciona. En un bloque, ese alguien no reacciona: se despierta, no sabe de qué piso viene el pitido, supone que se ha disparado solo y se vuelve a la cama. Y en una casa de pueblo con la vivienda de al lado cerrada, la sirena suena para el campo.
Lo que cambia el resultado es la verificación. Cuando un detector se activa, la central receptora comprueba en ese mismo momento qué está pasando: escucha, ve imagen de la zona activada y decide con datos. Si es falsa alarma, se cierra sin molestar a nadie. Si no lo es, la policía recibe un aviso verificado, que tiene una prioridad distinta a la de una llamada sin confirmar.
Esa es la diferencia entre un aparato que hace ruido y un servicio de alarma conectado. En una provincia con distancias largas, esa diferencia pesa el doble.
El servicio arranca desde 29,90 €/mes, sujeto a estudio personalizado de la vivienda y a aprobación previa.
La cuota incluye conexión 24/7 con la central receptora, verificación de las señales, aviso a la policía cuando procede, mantenimiento del sistema, servicio técnico y la aplicación para gestionarlo desde el móvil.
Y un apunte que resuelve una duda habitual: Securitas Direct ahora opera bajo la marca Verisure. Es la misma compañía, con la misma central y los mismos técnicos.
Desde 29,90 €/mes. La cuota final se fija tras el estudio personalizado y está sujeta a aprobación previa, porque depende del tipo de vivienda, de los accesos y del equipo necesario.
Sí, y es de lo más habitual aquí, pero se estudian por separado porque no necesitan lo mismo. Un piso urbano se resuelve con puertas y accesos; una casa de pueblo aislada obliga a mirar el perímetro, los accesos secundarios y el hecho de que puede pasar semanas sin que nadie se acerque.
Sí, y en Soria es un argumento de peso. Se puede incorporar detección de agua y de humo, de manera que si en pleno invierno revienta una tubería o se dispara un problema eléctrico en una vivienda vacía, el aviso llega en ese momento y no cuando vuelves y te encuentras el estropicio.
Sí. De hecho, una unifamiliar suele necesitar más puntos de detección que un piso, porque tiene más perímetro: puerta principal, acceso al jardín, ventanas de planta baja y a veces una puerta trasera. El estudio previo define exactamente cuántos detectores hacen falta y dónde.
No. El sistema se instala dentro de tu vivienda, así que la decisión es tuya. Proteger elementos comunes, como el garaje o el portal, sí corresponde a la comunidad y se plantea como un proyecto aparte.
Sí. Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure: misma empresa, misma central receptora, mismos equipos y mismo servicio técnico.
En menos de 24 horas laborables desde que dejas tu teléfono en el formulario. En esa llamada se conoce tu caso y se te da el precio; la instalación se agenda después, según tu disponibilidad.
También damos servicio aquí, y cada una tiene su propia página.
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