Securitas Direct ahora se llama Verisure: misma compañía, mismo servicio, nuevo nombre. Damos servicio en Castell-Platja d'Aro, Girona. Te llamamos, escuchamos cómo es tu casa y te damos el precio cerrado. Sin compromiso.
Sin sorpresas: esto es exactamente lo que ocurre después de darle al botón.
Una persona te llama en menos de 24 h laborables. Ni robots ni centralitas: hablas con quien lleva la zona.
Te preguntamos cómo es tu vivienda en Castell-Platja d'Aro: accesos, si la dejas sola, si hay jardín o local. De ahí sale el equipo que necesitas.
Te decimos qué cuesta tu alarma Verisure (Securitas Direct), qué incluye y qué permanencia tiene. Decides tú, con el precio delante y sin prisa.
Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio de siempre: cambió el nombre comercial, no la alarma, ni la central receptora, ni los técnicos. Si buscas «Securitas Direct Castell-Platja d'Aro» o «Verisure Castell-Platja d'Aro», estás buscando exactamente lo mismo.
Por eso verás las dos marcas juntas: los sistemas se comercializan como Verisure, pero mucha gente los sigue conociendo como Securitas Direct. Tu alarma, tu app y tu contrato funcionan igual con uno u otro nombre.
Castell-Platja d'Aro es pequeño en superficie y enorme en movimiento. Sobre el papel son 12.982 habitantes repartidos en 21,8 km², lo que da una densidad de 595 habitantes por kilómetro cuadrado. Pero dentro de ese término tan corto conviven tres realidades que no se parecen: Castell d'Aro tierra adentro, Platja d'Aro pegado a la playa y S'Agaró sobre la costa, con parcelas grandes y casas que se ven desde el mar.
Ese detalle importa más de lo que parece. Antes de hablar de alarmas hay que saber en cuál de esos tres mundos está tu casa, porque un apartamento en un edificio a dos calles de la playa y una vivienda con jardín y piscina no tienen ni los mismos accesos ni los mismos meses vacíos.
El municipio está a 5 metros sobre el nivel del mar y toca el agua directamente. Eso, en la Costa Brava, significa una cosa concreta: buena parte del parque de viviendas no se ocupa todo el año. Hay pisos que se abren en junio y se cierran en septiembre. Hay casas que solo se usan en Semana Santa y en agosto. Y hay propietarios que viven en Barcelona, en Girona, en Francia o en Holanda y aparecen dos o tres veces al año.
En julio nadie nota nada raro: hay coches en todas partes, gente en la calle hasta tarde y luces encendidas. En febrero, la misma calle tiene la mitad de las persianas bajadas. Y una casa cerrada en febrero es un dato público: se ve el buzón, se ve el jardín sin pisar, se ve que la terraza lleva meses igual.
El problema real de una segunda residencia no es solo que entren. Es que si entran en noviembre y tú vuelves en abril, te enteras cinco meses después. Sin denuncia a tiempo, sin nadie que haya visto nada y sin ninguna posibilidad de que la policía llegue a tiempo de algo.
Esa densidad coloca a Castell-Platja d'Aro en una zona intermedia que engaña. No es una ciudad compacta donde siempre hay alguien mirando por la ventana, ni un pueblo aislado de montaña. Es un municipio con bloques de apartamentos junto al mar y, subiendo apenas unos cientos de metros, urbanizaciones de casas separadas con muro, seto y portón.
Para la seguridad esto se traduce en algo muy simple: la vigilancia natural desaparece en cuanto te alejas del núcleo. En una calle comercial siempre pasa alguien. En una calle de urbanización un miércoles de enero puede no pasar nadie en dos horas. Y la mayor parte del suelo residencial del municipio está más cerca del segundo caso que del primero.
La diferencia entre una sirena y un servicio conectado se entiende perfectamente aquí. Una sirena funciona si hay alguien cerca dispuesto a mirar. En agosto, en Platja d'Aro, probablemente lo haya. En una urbanización cerrada en enero, no.
Un sistema conectado no depende de eso. Cuando un detector registra una apertura o un movimiento, la señal sale de la vivienda y llega a una central receptora que trabaja las 24 horas, todos los días del año. Allí un operador verifica lo que está pasando —esto es lo importante— y, si hay intrusión real, avisa a la policía y te avisa a ti. En minutos. Da igual que la casa lleve cuatro meses cerrada o que tú estés en Barcelona.
Ese paso intermedio, la verificación, es lo que separa un servicio serio de un aparato que pita. Sin él, cualquier gato que cruce un jardín moviliza una patrulla y el aviso deja de tomarse en serio. Con él, cuando la central llama, la policía sabe que hay alguien dentro.
El salitre no perdona. En una vivienda a pie de costa, los elementos exteriores —detectores de jardín, cámaras, sirenas— trabajan en un ambiente agresivo que acorta la vida de cualquier equipo mal elegido. A eso se suman la humedad y, en invierno, temporales de levante que golpean fachadas y cierres.
Por eso el mantenimiento no es un extra decorativo: es la parte del servicio que garantiza que el sistema siga funcionando el quinto año igual que el primero. Y por eso conviene que el estudio previo lo haga alguien que vea la casa, sepa dónde da el aire y sepa qué elementos van fuera y cuáles dentro. En una vivienda a cinco metros sobre el nivel del mar, un detector exterior mal colocado son falsas alarmas cada semana.
Averiguar cuál es tu caso lleva una conversación de diez minutos. Es exactamente lo que hacemos antes de dar ningún precio.
Es el escenario más habitual en este tramo de la Costa Brava, y el que más sentido da a una alarma conectada. Cuando el propietario no está, todo el peso del aviso recae en el sistema: nadie va a llamarte porque ha oído un ruido, nadie va a pasar a mirar si la puerta está bien.
En ese caso hay tres cosas que pedimos siempre en el estudio: que el sistema tenga comunicación redundante, que haya verificación para que el aviso llegue con respaldo, y que la app te permita ver el estado de la casa desde donde estés sin depender de que alguien te mande una foto por WhatsApp. Con eso, una vivienda cerrada de octubre a mayo deja de ser un punto ciego.
El servicio arranca en 29,90 €/mes. Es un punto de partida real, no un gancho: la cuota final depende del equipo que necesite tu vivienda, sale del estudio personalizado y está sujeta a aprobación previa.
Lo relevante es qué incluye: conexión permanente con la central receptora 24/7, aviso a la policía cuando hace falta, mantenimiento del sistema, servicio técnico y la aplicación para controlarlo todo desde el móvil. Trabajamos con Securitas Direct, que desde hace unos años opera bajo la marca Verisure: es la misma compañía y la misma central, solo cambió el nombre.
Cuando compares presupuestos, compara eso y no el número suelto. Dos cuotas parecidas pueden esconder servicios muy distintos, y la diferencia siempre está en si hay central conectada detrás o solo un aparato en la pared.
Damos servicio en todo el término municipal y en los pueblos del entorno. Estos son los más cercanos, con la distancia real:
Fíjate en el contraste: Sant Feliu de Guíxols, a 5,3 km, casi duplica la población de Castell-Platja d'Aro y tiene un casco urbano mucho más denso y ocupado todo el año. Vall-llobrega, a 8,6 km, tiene 891 vecinos. Son realidades opuestas separadas por diez minutos de coche, y la instalación que tiene sentido en cada una no es la misma.
Déjanos tu teléfono en el formulario y te llamamos en menos de 24 horas laborables. En esa llamada te preguntamos por el tipo de vivienda, los meses que está vacía y los accesos, y con eso te damos una propuesta concreta y un precio cerrado. Sin compromiso y sin que tengas que moverte de casa.
Si tienes una segunda residencia aquí, el momento razonable para instalar es antes de cerrarla, no cuando vuelvas en verano y te encuentres la puerta forzada. Una alarma protege desde el día que se instala, no desde el día que se piensa en ella.
Precisamente por eso. Los diez meses que la vivienda está cerrada son los que justifican el servicio: es cuando nadie la mira, cuando un problema puede tardar semanas en descubrirse y cuando el aviso tiene que salir solo. Dar de baja el servicio en temporada baja es dejar la casa sin protección justo en los meses en los que está sola.
Sí. La app forma parte del servicio y te permite conectar y desconectar el sistema, ver el estado de la vivienda y recibir los avisos estés donde estés. Es especialmente útil en Castell-Platja d'Aro, donde una parte importante de los propietarios reside fuera del municipio buena parte del año.
Sí, aunque la instalación es distinta. En un piso el trabajo se concentra en la puerta y en las ventanas o terrazas accesibles desde balcones vecinos, patios o azotea. Suele ser una instalación más sencilla y rápida que la de una vivienda con parcela.
El salitre castiga cualquier elemento instalado en el exterior, y en un municipio a 5 metros sobre el nivel del mar eso hay que tenerlo en cuenta al diseñar el sistema. Por eso el mantenimiento y el servicio técnico están incluidos en la cuota: forman parte de que el sistema siga funcionando años después, no de un extra opcional.
Sí. Securitas Direct pasó a operar comercialmente como Verisure. Misma compañía, misma central receptora y mismo servicio; lo único que cambió fue la marca.
Un sistema conectado bien planteado sigue comunicando aunque falle el suministro eléctrico o la línea fija, porque no depende de una sola vía. Es uno de los puntos que revisamos en el estudio previo, sobre todo en viviendas aisladas o en urbanizaciones alejadas del núcleo.
Desde 29,90 €/mes. La cuota definitiva depende del estudio personalizado de tu vivienda y está sujeta a aprobación previa. Incluye conexión 24/7 con central receptora, aviso a policía, mantenimiento, servicio técnico y app. Déjanos tu teléfono y te lo concretamos en la llamada.
También damos servicio aquí, y cada una tiene su propia página.
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