Securitas Direct ahora se llama Verisure: misma compañía, mismo servicio, nuevo nombre. Damos servicio en Gijón, Asturias. Te llamamos, escuchamos cómo es tu casa y te damos el precio cerrado. Sin compromiso.
Sin sorpresas: esto es exactamente lo que ocurre después de darle al botón.
Una persona te llama en menos de 24 h laborables. Ni robots ni centralitas: hablas con quien lleva la zona.
Te preguntamos cómo es tu vivienda en Gijón: accesos, si la dejas sola, si hay jardín o local. De ahí sale el equipo que necesitas.
Te decimos qué cuesta tu alarma Verisure (Securitas Direct), qué incluye y qué permanencia tiene. Decides tú, con el precio delante y sin prisa.
Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio de siempre: cambió el nombre comercial, no la alarma, ni la central receptora, ni los técnicos. Si buscas «Securitas Direct Gijón» o «Verisure Gijón», estás buscando exactamente lo mismo.
Por eso verás las dos marcas juntas: los sistemas se comercializan como Verisure, pero mucha gente los sigue conociendo como Securitas Direct. Tu alarma, tu app y tu contrato funcionan igual con uno u otro nombre.
Un piso de un cuarto en un bloque del centro de Gijón, con vecinos arriba, abajo y a los lados, y un portal por el que entra y sale gente todo el día. Y una casa en una parroquia rural del concejo, con su finca alrededor, la carretera a doscientos metros y el vecino más cercano al otro lado del prao.
Las dos están en Gijón. Las dos pagan impuestos al mismo ayuntamiento. Y en materia de seguridad no tienen absolutamente nada que ver: ni los puntos por donde se entra, ni quién puede darse cuenta, ni lo que hay que instalar.
Esto, que parece obvio, es lo que más se pasa por alto cuando alguien busca información sobre alarmas en Gijón. Así que empecemos por ahí: por entender qué es exactamente este concejo.
Gijón tiene 269.894 habitantes y un término municipal de 183,9 km². Dividiendo sale una densidad de 1.467,6 habitantes por kilómetro cuadrado, que suena a ciudad media y tranquila.
Es una media falsa, en el sentido de que no describe a nadie. Porque la práctica totalidad de esos 269.894 vecinos está concentrada en la ciudad, que ocupa una porción pequeña del concejo. El resto —la mayor parte de los 183,9 km²— son parroquias rurales, con casas de aldea, quintanas, prados, caminos y núcleos de unas pocas viviendas.
Así que en Gijón conviven una de las ciudades más compactas del norte de España y un territorio rural extenso, y ambos escenarios están a quince minutos en coche el uno del otro. El concejo se asoma al Cantábrico y la ciudad se asienta prácticamente a nivel del mar, a 10 metros de altitud, subiendo suavemente hacia el interior.
En la parte urbana, la inmensa mayoría de la gente vive en un edificio compartido. Y eso implica algo que conviene asumir sin dramatismo: entre la calle y tu rellano hay una franja de metros que no vigila nadie.
Un bloque recibe cada día repartidores, comida a domicilio, técnicos, limpieza, gente que sube a ver un piso, obreros de una reforma. El portal se abre decenas de veces y nadie identifica a quien entra, ni sería razonable pedirlo.
Dentro del mismo edificio, además, no todos los vecinos tienen el mismo perfil:
Sal de la ciudad y el planteamiento se invierte por completo. En una casa de aldea del concejo no hay portal, ni vecinos de rellano, ni gente pasando por la acera. Hay una finca, un camino y silencio.
Ahí la protección más barata que existe —que otra persona se dé cuenta— simplemente no está disponible. Un coche parado junto a una casa a las once de la noche no le llama la atención a nadie porque no hay nadie a quien llamársela.
Y hay más patrimonio fuera de la vivienda que dentro: cuadras, cobertizos, hórreos y paneras, maquinaria, herramienta, leña, un tractor pequeño. Material caro y fácil de cargar que casi nunca entra en el proyecto cuando se piensa "quiero una alarma para la casa".
Por eso, en una vivienda rural del concejo, el orden correcto es al revés que en un piso: primero el acceso a la propiedad —portón, finca, puertas de cuadra o garaje, ventanas de planta baja— y después el interior. Que el aviso salte cuando alguien entra en tu terreno, no cuando ya está dentro de casa.
Hay un factor que en Gijón pesa mucho y del que no se habla: la duración del día. En diciembre y enero, aquí es noche cerrada antes de las seis de la tarde. Y llueve, y hay niebla, y la gente no se entretiene en la calle.
Súmalo a una jornada laboral normal y sale una cuenta muy clara: buena parte del año, tu casa está a oscuras y sola desde las cinco y media hasta que tú llegas. Desde fuera, una vivienda sin una sola luz encendida a las siete de la tarde de un miércoles de enero se distingue perfectamente, tanto en un bloque como en una aldea.
Esa franja de tarde-noche, en invierno, es probablemente el momento más desprotegido del año en este concejo. Y es justo el que resuelve un sistema conectado, porque no depende de que haya luz ni de que haya alguien mirando.
Muchísimas familias de Gijón tienen o han heredado una casa en una parroquia del concejo o en un pueblo del entorno. Casas que se usan en verano, en Semana Santa y algún fin de semana suelto, y que el resto del año están cerradas sin que nadie se acerque.
El problema de una vivienda así no es que alguien entre. Es el tiempo que pasa hasta que alguien se entera. Puedes descubrir en julio algo que ocurrió en febrero, y a esas alturas ya no hay mucho que hacer, ni con el seguro ni con nada.
Además, en una casa cerrada durante meses, un problema pequeño se convierte en uno grande sin que nadie lo vea: una puerta forzada que queda abierta todo el invierno hace más daño por la lluvia y la humedad que por lo que se llevaron.
Un sistema conectado ataca exactamente ese punto: detección inmediata, verificación por parte de la central y aviso al momento, estés donde estés. Y desde la aplicación compruebas el estado de la casa sin pedirle favores a nadie.
Una sirena en un bloque del centro a las tres de la madrugada la oyen cincuenta personas y no sale ninguna, con toda la lógica del mundo. Una sirena en una casa de aldea no la oye nadie. En los dos casos, el ruido por sí solo no sirve de gran cosa.
Lo que cambia las cosas es que alguien compruebe qué está ocurriendo. Es la verificación. El detector no se limita a sonar: manda la señal a una central receptora de alarmas operativa 24 horas al día, todos los días del año, donde un operador comprueba qué sucede dentro de la vivienda. Si hay intrusión real, se avisa a la policía y se te avisa a ti. Si no la hay, ahí se acaba.
Ese paso intermedio es toda la diferencia: cuando la central llama, quien acude sabe que hay alguien dentro. Y en viviendas aisladas importa además que la comunicación con la central no dependa de la línea telefónica de la casa.
Trabajamos en todo el concejo —ciudad y parroquias— y en los municipios de alrededor. Aquí las distancias son mayores que en un área metropolitana peninsular: el vecino más cercano está a más de nueve kilómetros.
Entre los seis suman 94.151 habitantes, y el reparto es muy desigual: Siero pasa de 53.000 vecinos mientras que Sariego no llega a 1.300. Son concejos con la misma estructura que Gijón a menor escala —un núcleo y mucho territorio rural alrededor—, así que el planteamiento de seguridad se repite: viviendas dispersas, poca vigilancia natural y una respuesta que tiene que venir de fuera.
El servicio arranca desde 29,90 €/mes. Es un punto de partida real: la cuota final sale del estudio personalizado de tu vivienda y está sujeta a aprobación previa.
Incluye lo que hace que el sistema funcione de verdad: conexión 24/7 con la central receptora, verificación de los saltos, aviso a la policía cuando procede, mantenimiento, servicio técnico y la aplicación para controlarlo desde el móvil.
Conviene aclarar algo que genera confusión: Securitas Direct opera ahora bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio; cambió el nombre comercial, no la central ni los equipos.
Para tener el precio:
Desde 29,90 €/mes. La cuota final se fija tras el estudio personalizado y está sujeta a aprobación previa, porque depende del tipo de vivienda, del número de accesos y de si hay que proteger también edificaciones anexas. Se te confirma por teléfono antes de que decidas nada.
Sí. Trabajamos en todo el término municipal, no solo en la ciudad, y también en los concejos vecinos. De hecho es en la zona rural donde más se nota la diferencia, porque es donde no hay nadie cerca que pueda darse cuenta de nada.
Sí. La comunicación con la central receptora es propia del sistema y no depende de la línea fija de la vivienda. En el estudio previo se comprueba la cobertura en tu ubicación concreta antes de instalar nada.
Sí. Las edificaciones anexas se pueden incluir en el proyecto con sus propios detectores. Conviene decirlo en la primera llamada, porque cambia el planteamiento y el presupuesto respecto a proteger solo la vivienda.
Es de los casos donde más se nota. En una casa cerrada meses, el daño no lo hace la entrada, lo hace el tiempo que pasa hasta que se descubre, sobre todo con el clima de aquí: una puerta forzada en febrero y descubierta en julio deja la casa mucho peor que el propio robo.
Sí. Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure: misma compañía, misma central receptora, mismos equipos y mismo servicio técnico. Solo cambió el nombre comercial.
También damos servicio aquí, y cada una tiene su propia página.
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