Securitas Direct ahora se llama Verisure: misma compañía, mismo servicio, nuevo nombre. Damos servicio en Grado, Asturias. Te llamamos, escuchamos cómo es tu casa y te damos el precio cerrado. Sin compromiso.
Sin sorpresas: esto es exactamente lo que ocurre después de darle al botón.
Una persona te llama en menos de 24 h laborables. Ni robots ni centralitas: hablas con quien lleva la zona.
Te preguntamos cómo es tu vivienda en Grado: accesos, si la dejas sola, si hay jardín o local. De ahí sale el equipo que necesitas.
Te decimos qué cuesta tu alarma Verisure (Securitas Direct), qué incluye y qué permanencia tiene. Decides tú, con el precio delante y sin prisa.
Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio de siempre: cambió el nombre comercial, no la alarma, ni la central receptora, ni los técnicos. Si buscas «Securitas Direct Grado» o «Verisure Grado», estás buscando exactamente lo mismo.
Por eso verás las dos marcas juntas: los sistemas se comercializan como Verisure, pero mucha gente los sigue conociendo como Securitas Direct. Tu alarma, tu app y tu contrato funcionan igual con uno u otro nombre.
Grado no es un pueblo: es un concejo de 216,7 kilómetros cuadrados con 9.681 habitantes repartidos de forma muy desigual. Una parte vive en la villa, con sus calles, sus soportales, sus comercios y sus bloques de vivienda. La otra parte vive fuera, en casas y caserías esparcidas por los valles, a veces a diez o quince minutos en coche del centro de salud más cercano.
Esa doble realidad cambia por completo la conversación sobre seguridad en el hogar. Quien vive en la villa comparte portal, escalera y acera con mucha más gente. Quien vive en el campo, en el Grao de siempre, tiene su casa, su finca, su panera y sus dependencias, y en muchos casos ningún vecino a la vista desde la puerta. Son dos problemas distintos y piden dos soluciones distintas. Meterlos en el mismo saco es el error más común.
La densidad del concejo es de 44,7 habitantes por kilómetro cuadrado. Es un dato frío hasta que lo traduces: significa que en la mayor parte del territorio de Grado no hay casi nadie. Ni tráfico, ni peatones, ni miradas.
La seguridad de un barrio urbano se sostiene en gran medida sobre algo que nadie contrata ni paga: la vigilancia natural. Gente que pasa, que mira, que se extraña. En una parroquia de montaña, esa vigilancia no existe durante la mayor parte del día. Puede pasar una hora entera sin que circule un coche por la carretera que llega a tu casa. Y si alguien está forzando una puerta a las cuatro de la tarde de un martes, no hay nadie para darse cuenta.
Por eso, en un concejo como este, la sirena por sí sola resuelve poco. El ruido necesita oídos cerca. Lo que funciona es que la señal salga de la casa y llegue a una central receptora que está atendida las 24 horas, esté tu vecino a treinta metros o a tres kilómetros.
En Grado hay muchísimas viviendas que no están vacías del todo pero tampoco habitadas del todo. Casas familiares heredadas, casas de padres que ya no viven allí, casas a las que se sube el sábado y se baja el domingo por la tarde. Casas que en enero pueden pasar tres semanas cerradas.
Ese perfil de vivienda tiene un problema muy concreto: nadie sabe cuándo pasó algo. Se descubre al llegar, y llegar puede ser dentro de quince días. Eso significa que, cuando te enteras, ya no hay nada que hacer: ni aviso en caliente, ni reacción, ni posibilidad de que la policía llegue mientras todavía está pasando.
Un sistema conectado le da la vuelta a eso. La detección ocurre en el momento, la central la verifica y el aviso te llega al móvil aunque estés a ochenta kilómetros. Y hay un efecto lateral que la gente valora mucho más de lo que espera: dejas de conducir hasta allí «por si acaso».
El núcleo urbano de Grado funciona con otra lógica. Aquí hay bloques con varias viviendas por rellano, portales que abren decenas de veces al día y locales comerciales con vivienda encima. La escalera es un espacio cerrado, sin testigos y con todo el tiempo del mundo para quien ya ha conseguido entrar.
En vivienda urbana, lo que se protege es esto:
El error clásico en la villa es pensar que el portal ya es una barrera. No lo es: es un trámite. Por un portal entra un repartidor, un técnico, una visita y cualquiera que espere a que salga alguien.
Grado tiene una tradición de mercado que trae gente de todo el entorno y de fuera del concejo. Es una de las señas de identidad de la villa y una de las cosas buenas de vivir aquí. También es un día en el que resulta imposible distinguir quién es de aquí y quién no.
No hay que dramatizar con esto: un mercado no es un problema de seguridad. Pero sí conviene entender que la idea de «aquí nos conocemos todos» funciona muchos días del año y deja de funcionar otros. La protección de la vivienda no debería depender de un mecanismo que se apaga cada vez que hay movimiento en la villa.
Los concejos vecinos dan la medida real del entorno: Candamo a 7,4 km con 1.902 habitantes, Las Regueras a 8,5 km con 1.892, Pravia a 11,7 km con 7.792, Santo Adriano a 13,3 km con 281, Illas a 14,4 km con 1.048 y Yernes y Tameza a 14,7 km con apenas 134 personas. Es un entorno rural, con carreteras de valle y curvas.
Esto tiene una consecuencia práctica: cualquier respuesta a un aviso tarda en llegar. Y como el tiempo de desplazamiento no lo puedes cambiar, lo único que sí puedes cambiar es el momento en que empieza a contar el reloj. Un sistema conectado hace que ese reloj arranque en el segundo uno de la intrusión, no cuando alguien descubre la puerta abierta al día siguiente.
En una casa con finca, terreno y accesos por varios lados, la estrategia cambia. No se trata de detectar a alguien cuando ya está en el salón, sino de detectarlo antes.
Eso se traduce en protección de accesos secundarios (la puerta trasera, la de la cuadra, la del garaje, la ventana del bajo cubierta), en detección en el perímetro cuando la parcela lo permite y en un elemento que en el medio rural marca la diferencia: la posibilidad de comprobar en remoto qué está pasando, sin tener que coger el coche de noche para verlo con tus propios ojos.
Añade un detalle asturiano nada menor: la humedad y el clima castigan mucho las instalaciones improvisadas. Un sistema con mantenimiento y servicio técnico incluidos no es un lujo aquí, es lo que evita que dentro de dos inviernos tengas una caja muerta en la pared.
Securitas Direct, que en España opera comercialmente desde hace años como Verisure, no vende una sirena: vende un servicio conectado. La diferencia está en lo que ocurre después del salto.
El servicio arranca desde 29,90 €/mes, sujeto a estudio personalizado y aprobación previa. Esa cuota incluye lo anterior: conexión permanente con la central receptora, verificación, aviso a policía, mantenimiento, servicio técnico y aplicación móvil.
Lo que no se puede hacer con seriedad es dar un precio cerrado sin ver la vivienda. Un piso en la villa con una puerta y tres ventanas no lleva los mismos elementos que una casa de dos plantas con dependencias, patio y dos accesos independientes. Por eso el estudio va antes que el presupuesto y no al revés.
Se hace solo por formulario. Déjanos tu teléfono y te llamamos en menos de 24 horas laborables. En esa conversación nos cuentas lo esencial: si estás en la villa o en una parroquia, cuántos días al mes se queda la casa sola, si hay dependencias aparte de la vivienda, cuántos accesos tiene y qué es lo que de verdad quieres proteger.
Con eso se plantea una configuración concreta y un precio por escrito. Cualquier cifra que te den antes de ese paso es una estimación en el aire.
Sí. El sistema no depende de tu línea de teléfono ni de tu wifi: se comunica con la central receptora por vía propia e inalámbrica. Es precisamente en las casas alejadas del núcleo donde esa independencia más se nota, porque el aviso sale igual aunque no haya nadie cerca para oír la sirena.
En ese perfil es donde más cambia las cosas. Una vivienda que está cerrada semanas enteras puede sufrir una entrada sin que nadie se entere hasta la siguiente visita. Con sistema conectado, la detección y el aviso ocurren en el momento, estés donde estés.
Sí, es la misma compañía. Securitas Direct pasó a operar en España bajo la marca Verisure. El servicio, la central receptora y el equipo técnico son los mismos; lo que cambió fue el nombre comercial.
No. Los detectores se configuran para no saltar con mascotas, y las construcciones anexas se pueden proteger como zonas independientes de la vivienda, de forma que puedas dejar una parte activa y otra no según el momento.
El sistema sigue operativo. Tiene alimentación propia de respaldo y comunicación independiente de tu conexión doméstica, que es justo lo que hace falta en un concejo con temporales y cortes ocasionales.
Sí. Trabajamos en toda la zona: Candamo (7,4 km), Las Regueras (8,5 km), Pravia (11,7 km), Santo Adriano (13,3 km), Illas (14,4 km) y Yernes y Tameza (14,7 km).
Desde 29,90 €/mes, sujeto a estudio personalizado y aprobación previa. El importe definitivo depende de los elementos que necesite tu vivienda, y lo conoces por escrito antes de contratar nada.
También damos servicio aquí, y cada una tiene su propia página.
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