Securitas Direct ahora se llama Verisure: misma compañía, mismo servicio, nuevo nombre. Damos servicio en Alcorcón, Madrid. Te llamamos, escuchamos cómo es tu casa y te damos el precio cerrado. Sin compromiso.
Sin sorpresas: esto es exactamente lo que ocurre después de darle al botón.
Una persona te llama en menos de 24 h laborables. Ni robots ni centralitas: hablas con quien lleva la zona.
Te preguntamos cómo es tu vivienda en Alcorcón: accesos, si la dejas sola, si hay jardín o local. De ahí sale el equipo que necesitas.
Te decimos qué cuesta tu alarma Verisure (Securitas Direct), qué incluye y qué permanencia tiene. Decides tú, con el precio delante y sin prisa.
Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio de siempre: cambió el nombre comercial, no la alarma, ni la central receptora, ni los técnicos. Si buscas «Securitas Direct Alcorcón» o «Verisure Alcorcón», estás buscando exactamente lo mismo.
Por eso verás las dos marcas juntas: los sistemas se comercializan como Verisure, pero mucha gente los sigue conociendo como Securitas Direct. Tu alarma, tu app y tu contrato funcionan igual con uno u otro nombre.
Alcorcón tiene 175.719 habitantes repartidos en un término de 38,5 kilómetros cuadrados. Eso da 4.564 personas por kilómetro cuadrado. Es una densidad de gran ciudad, no de municipio de la corona metropolitana, y explica bastante bien cómo se vive aquí: muchas viviendas por portal, portales pegados unos a otros, aparcamientos subterráneos compartidos y muy poca vivienda realmente aislada.
Esa concentración tiene una consecuencia directa cuando hablas de proteger tu casa. En Alcorcón, tu vivienda casi nunca es un objetivo elegido de antemano. Es una puerta más en un rellano donde hay otras tres o cuatro. Lo que decide si entran en la tuya o en la del vecino no es la fachada del edificio: es lo que se encuentran al probar.
Alcorcón no creció poco a poco. Creció de golpe en los años sesenta y setenta, cuando pasó de ser un pueblo de la carretera de Extremadura a una ciudad de decenas de miles de personas en muy pocos años, y después volvió a crecer con desarrollos mucho más recientes de otro tipo de vivienda.
El resultado es que hoy conviven dos parques residenciales muy distintos. Por un lado, bloques de aquella primera oleada: cinco alturas sin ascensor en muchos casos, patios interiores comunicados, portales con acceso directo desde la calle y carpinterías que en algunos pisos siguen siendo las originales. Por otro, promociones posteriores con garaje bajo rasante, zonas comunes cerradas, piscina y trastero.
Y en los bordes del término hay vivienda unifamiliar, adosados y pareados con jardín pequeño y valla baja. Tres realidades en 38 kilómetros cuadrados. Ninguna se protege igual que las otras, y ese es el motivo real por el que aquí no tiene sentido un presupuesto cerrado por teléfono.
El rasgo que más define a Alcorcón desde el punto de vista de la seguridad no es la densidad. Es el horario.
Una parte muy grande de sus vecinos trabaja fuera del municipio. Salen temprano hacia Madrid o hacia los polígonos de la zona sur, en cercanías, en metro ligero o en coche, y vuelven a última hora de la tarde. Eso significa que entre las ocho de la mañana y las seis o las siete de la tarde hay edificios enteros con casi todas las viviendas vacías, y con los vecinos que sí están —normalmente personas mayores— sin obligación ninguna de saber quién sube por la escalera.
Diez horas es muchísimo margen. Es tiempo de sobra para probar puertas, para esperar, para entrar sin prisa y para salir sin que nadie note nada. El problema del horario laboral no es que la casa esté sola: es que está sola y además nadie la mira.
En un municipio con esta proporción de vivienda vertical, casi todo el mundo confía en el portal. Videoportero, puerta blindada de acceso y, en promociones nuevas, tarjeta o mando.
El razonamiento falla por un motivo sencillo: por ese portal entra y sale gente legítima todo el día. Repartidos, mensajería, técnicos de mantenimiento, empresas de limpieza, visitas. Nadie identifica a nadie, y con 175.000 vecinos no puede ser de otra manera. Un desconocido con una caja en la mano es invisible.
El garaje comunitario merece capítulo aparte. Es un espacio grande, mal iluminado, sin testigos y con la puerta abriéndose decenas de veces al día. Desde ahí se accede al ascensor, y desde el ascensor a tu rellano, sin haber pasado por ninguna puerta que alguien vigile. Si tienes trastero, ese es el punto más olvidado de la casa: guardas allí bicicletas, herramienta, esquís o cajas, y no tiene ni una sola medida de detección.
Alcorcón no está sola ni de lejos. Móstoles queda a 3,7 kilómetros con 214.817 habitantes, Leganés a 5,8 con 195.734 y Fuenlabrada a 7,7 con 190.076. Solo esas tres, contando Alcorcón, suman más de 775.000 personas en un pañuelo.
Y el contraste es todavía más interesante hacia el norte: Villaviciosa de Odón está a 6,4 kilómetros y Boadilla del Monte a 7,5, dos municipios con muchísima vivienda unifamiliar y otra forma de vivir completamente distinta. Moraleja de Enmedio, a 10,1 kilómetros y con 5.580 habitantes, es prácticamente rural.
Esto importa por una razón práctica: en la corona sur no existe la distancia como protección. Todo está conectado por autovía, por cercanías y por metro. Nadie tiene que ser del barrio para llegar hasta tu portal, y nadie que salga de tu portal tiene que quedarse cerca.
En vivienda vertical hay dos plantas que concentran la mayor parte del riesgo real, y son justo las dos que más se aprecian por otros motivos.
La planta baja con patio o terraza es cómoda, pero está a nivel de calle o casi, y suele dar a un espacio comunitario o a un patio de manzana al que se accede desde el interior del edificio. El ático, por su parte, se considera inaccesible y por eso mucha gente ni cierra bien la puerta de la terraza. Sin embargo, en bloques adosados a otros de altura parecida, las cubiertas se comunican más de lo que parece, y una escalera de acceso a cubierta que queda abierta convierte esa terraza en una puerta de servicio.
Entre medias, los pisos intermedios: menos expuestos por fuera, pero igual de expuestos desde el rellano. Ahí la puerta es todo.
En una ciudad dormitorio, el mes de agosto no vacía el municipio del todo, pero sí lo vacía a manchas. Portales enteros con dos o tres viviendas habitadas. Coches que no se mueven de la plaza durante semanas. Persianas idénticas día tras día. Buzones que se llenan.
Cualquiera que pase por delante puede leer esa información sin esfuerzo. No hace falta vigilar: basta con mirar. Y a diferencia de un pueblo pequeño, aquí nadie va a preguntarse por qué un desconocido sube al tercero un martes de agosto a las once de la mañana.
La simulación de presencia ayuda a romper ese patrón visible desde la calle. Pero lo que de verdad cambia el resultado es que, si alguien entra, la señal salga de la vivienda en el mismo instante y llegue a alguien que esté despierto y trabajando.
Una sirena hace ruido y el ruido molesta. Pero en un edificio de cuarenta viviendas, un pitido a las once de la mañana no significa nada para nadie. La mayoría no está. Los que están no saben de qué piso viene. Y a nadie le corresponde salir a comprobarlo.
Lo que cambia el desenlace es la cadena completa: que la señal llegue a una central receptora operativa las 24 horas, que allí se verifique si es una intrusión real o un falso salto, que se avise a la policía cuando hay indicios y que tú lo sepas en el móvil aunque estés a treinta kilómetros en una reunión. Eso no lo hace un aparato. Lo hace un servicio con personas detrás.
Securitas Direct opera comercialmente en España como Verisure desde hace años: misma compañía, misma central receptora, mismo servicio. Lo que se contrata es esto:
El servicio arranca desde 29,90 €/mes, sujeto a estudio personalizado y aprobación previa. El importe final depende de la vivienda, y en un municipio con tres parques residenciales tan distintos eso no es una fórmula vacía: no lleva lo mismo un tercero sin ascensor de los años setenta que un adosado con jardín o un piso con garaje y trastero.
Trabajamos solo por formulario, sin llamadas frías. Déjanos tu teléfono y te llamamos en menos de 24 horas laborables. Nos cuentas en qué planta vives, si tienes patio, terraza o trastero, cuántas horas al día se queda la casa sola y qué es lo que te preocupa. Con eso se plantea la configuración y se te da un precio por escrito antes de que decidas nada.
La altura protege frente al exterior, no frente al rellano. En un bloque, la vía de entrada habitual es la puerta de la vivienda, y en un edificio con muchos vecinos por ese portal pasa gente todo el día sin que nadie la identifique. El cuarto piso no cambia eso.
Influye mucho, y es el caso más común aquí. Cuando la vivienda pasa diez o doce horas vacía cada día laborable, lo importante es que la detección cubra el recorrido completo hacia dormitorios y salón, no solo la entrada, y que la central verifique el aviso sin depender de que tú puedas contestar el móvil.
Sí, y conviene valorarlo en el estudio previo. El garaje es un espacio sin testigos con la puerta abriéndose decenas de veces al día, y el trastero suele guardar más valor del que la gente calcula. Se revisa junto con la vivienda.
Sí. La comunicación con la central es propia e inalámbrica y el equipo lleva alimentación de respaldo, así que sigue operativo aunque tu router se quede sin servicio o haya un corte eléctrico en el edificio.
Sí. Securitas Direct pasó a operar comercialmente en España bajo la marca Verisure. Cambió el nombre comercial, no la empresa ni el servicio.
Sí: Móstoles (3,7 km), Leganés (5,8 km), Villaviciosa de Odón (6,4 km), Boadilla del Monte (7,5 km), Fuenlabrada (7,7 km) y Moraleja de Enmedio (10,1 km).
Desde 29,90 €/mes, sujeto a estudio personalizado y aprobación previa. Incluye conexión 24/7 con central receptora, aviso a policía, mantenimiento, servicio técnico y app. La cifra definitiva la tienes por escrito antes de contratar.
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