Securitas Direct ahora se llama Verisure: misma compañía, mismo servicio, nuevo nombre. Damos servicio en Palma, Illes Balears. Te llamamos, escuchamos cómo es tu casa y te damos el precio cerrado. Sin compromiso.
Sin sorpresas: esto es exactamente lo que ocurre después de darle al botón.
Una persona te llama en menos de 24 h laborables. Ni robots ni centralitas: hablas con quien lleva la zona.
Te preguntamos cómo es tu vivienda en Palma: accesos, si la dejas sola, si hay jardín o local. De ahí sale el equipo que necesitas.
Te decimos qué cuesta tu alarma Verisure (Securitas Direct), qué incluye y qué permanencia tiene. Decides tú, con el precio delante y sin prisa.
Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure. Es la misma compañía y el mismo servicio de siempre: cambió el nombre comercial, no la alarma, ni la central receptora, ni los técnicos. Si buscas «Securitas Direct Palma» o «Verisure Palma», estás buscando exactamente lo mismo.
Por eso verás las dos marcas juntas: los sistemas se comercializan como Verisure, pero mucha gente los sigue conociendo como Securitas Direct. Tu alarma, tu app y tu contrato funcionan igual con uno u otro nombre.
Palma tiene 434.786 habitantes en un término de 208,6 km², lo que da 2.084 habitantes por kilómetro cuadrado. Ese promedio engaña, y conviene entender por qué: el término es grande y mete dentro cosas muy distintas. Hay un centro histórico compacto, ensanches de bloques de los años sesenta y setenta con densidades altísimas, franja de costa, polígonos y una periferia de unifamiliares y suelo rústico.
Traducido a viviendas: en Palma conviven un piso de setenta metros en un bloque de ocho alturas, un ático rehabilitado en el casco antiguo y una casa con parcela a quince minutos del centro. Tres realidades que no se protegen igual, dentro del mismo municipio y del mismo código postal aproximado.
La ciudad está prácticamente a nivel del mar, a 13 metros de altitud, abierta a la bahía. Y eso, más que un dato geográfico, es el marco de todo lo demás: el clima, el uso estacional de la vivienda y el perfil de quien vive aquí.
Este es el punto que diferencia a Palma de cualquier capital peninsular y casi nadie lo piensa hasta que le pasa.
Si tienes una vivienda en Palma y estás fuera de Mallorca, no puedes acercarte a mirar. En Valladolid o en Murcia, si te llama un vecino diciendo que ha oído algo raro, coges el coche. Aquí, entre un vuelo o un barco y el trayecto, la respuesta más rápida posible se mide en horas, no en minutos. Y eso vale igual para el propietario que vive en la Península que para el residente que se ha ido tres días de viaje.
Por eso, en una isla, la parte del servicio que de verdad se paga es que haya alguien comprobando lo que pasa sin depender de ti. La central receptora está operativa 24 horas los 365 días, verifica el salto en el momento en que se produce, te llama y, si procede, avisa a la policía. No hace falta que tú estés cerca, ni siquiera que estés en la misma isla.
Palma tiene una proporción de vivienda de uso no permanente que no se parece a la de una capital de interior. Hay pisos de gente que reside fuera y viene por temporadas, viviendas heredadas que se usan sueltas semanas al año, propiedades en venta que llevan meses vacías y casas de familias que pasan el invierno en otro sitio.
Una vivienda cerrada durante meses tiene un problema doble. El evidente: nadie la mira. Y el que sale más caro: cuando se descubre algo, ya lleva mucho tiempo pasando. Da igual que sea una puerta forzada, una fuga bajo el fregadero o un cuadro eléctrico que ha saltado con el congelador lleno.
Un sistema conectado convierte la casa cerrada en una casa que informa. Puedes ver el estado desde la aplicación estés donde estés, armar y desarmar a distancia cuando entre alguien a limpiar o a hacer una reparación, y recibir aviso si hay movimiento donde no debería haberlo. Es la diferencia entre enterarte en septiembre y enterarte esa misma noche.
De mayo a octubre, Palma multiplica el número de personas que circulan por ella. No solo visitantes: también trabajadores de temporada que alquilan por meses, empleados que cambian de piso cada verano y edificios donde, de repente, se conoce a la mitad de los vecinos.
Eso no convierte a la ciudad en un sitio hostil, pero sí desactiva el mecanismo informal que protege a los edificios el resto del año: saber quién vive aquí. En temporada, un portal recibe entradas y salidas continuas con maletas, repartos, mudanzas pequeñas y visitas. Nadie mira dos veces a nadie, y nadie debería tener que hacerlo.
La conclusión práctica es la misma de siempre en una ciudad densa: no confíes la seguridad al filtro social del edificio, porque en verano ese filtro no existe. Protege lo que es tuyo, desde tu puerta hacia dentro.
Buena parte del parque residencial de Palma se levantó en el gran crecimiento de los años sesenta y setenta. Son edificios sólidos, con muchas viviendas por escalera, garaje bajo rasante y trasteros en sótano. Ahí hay tres zonas que casi nunca se protegen bien:
Los áticos merecen mención aparte. En Palma hay muchísimas terrazas en cubierta, con azoteas comunitarias y edificios contiguos a la misma altura. Un último piso no es un piso inaccesible: es un piso con otra puerta.
Vivir a nivel del mar y con brisa marina permanente tiene un efecto que cualquier mallorquín conoce: el salitre se come los herrajes. Persianas que se atascan, guías oxidadas, cierres de ventana que ya no ajustan, puertas de terraza que quedan con holgura, cerraduras que cuestan de girar.
Un cierre que no ajusta no es solo una molestia. Es un punto débil que envejece sin que nadie lo revise, porque el deterioro es lento y te acostumbras. Y en verano, con calor y humedad, esos mismos huecos son los que se quedan entornados por la noche para que corra el aire.
En el estudio previo de la vivienda esto se mira uno por uno: qué huecos hay, cuáles se usan abiertos, cuáles cierran mal y cuáles conviene cubrir con detección específica. No se trata de llenar la casa de aparatos, sino de proteger los puntos por los que se entra de verdad.
Imagina una sirena sonando en un bloque de Palma en agosto, a las tres de la mañana, con las ventanas abiertas. Se despiertan cuarenta personas, ninguna sabe de qué piso viene y casi todas piensan lo mismo: que se habrá disparado sola. Nadie sube.
El valor real está en lo otro: en que, en el segundo en que salta el detector, la central receptora comprueba qué ocurre. Escucha, ve imagen de la zona donde se ha activado y decide con información. Si es una falsa alarma, se cierra sin molestar a nadie ni dejar el edificio en vela. Si no lo es, la policía recibe un aviso verificado, que no es lo mismo que un vecino llamando para decir que hay un pitido.
En una isla, además, esa cadena tiene otra ventaja: funciona igual estés en el piso de al lado o a mil kilómetros.
Palma no acaba en sí misma. Calviá, con casi 54.000 habitantes, está a 11,4 km; Marratxí a 12,2 km; Puigpunyent a 12,2 km; Esporles a 12,6 km; Santa María del Camí a 14,1 km y Bunyola a 15,1 km. Son quince minutos largos de coche.
El salto de tipo de vivienda es brutal en esa distancia: de un bloque urbano a casas con parcela, fincas y viviendas en ladera, muchas de ellas aisladas y con vecino a cierta distancia. Una unifamiliar en el interior de la isla necesita protección perimetral y de accesos exteriores; un tercero en Palma necesita otra cosa. Por eso el precio no se puede cerrar sin ver la vivienda.
El servicio parte desde 29,90 €/mes, sujeto a estudio personalizado de la vivienda y a aprobación previa.
La cuota incluye conexión 24/7 con la central receptora, verificación de las señales, aviso a la policía cuando procede, mantenimiento del sistema, servicio técnico y la aplicación para gestionarlo desde el móvil.
Un apunte: Securitas Direct ahora opera bajo la marca Verisure. Es la misma compañía, la misma central y los mismos técnicos; lo que cambió fue el nombre comercial.
Desde 29,90 €/mes. La cuota definitiva se fija tras el estudio personalizado y está sujeta a aprobación previa, porque depende del tipo de vivienda, del número de accesos y del equipo necesario.
Es una situación muy habitual aquí y el sistema está pensado justo para eso. La central receptora verifica cualquier salto en el momento, sin que tengas que estar cerca, y desde la aplicación ves el estado de la vivienda y puedes armarla o desarmarla a distancia si entra alguien a limpiar o a arreglar algo. Al pedir presupuesto conviene indicar quién es la persona de contacto en la isla.
Es el caso en el que más se nota. Una vivienda cerrada meses no tiene a nadie que la mire, y cuando se descubre un problema suele llevar tiempo ocurriendo. Además de intrusión, se puede añadir detección de agua y de humo, que en viviendas cerradas es donde está buena parte del daño real.
Sí. En Palma hay muchas azoteas comunitarias, terrazas contiguas y edificios a la misma altura, así que un último piso no es un piso sin accesos: es un piso con accesos distintos, normalmente por arriba. La instalación se plantea cubriendo esos huecos, no solo la puerta principal.
Sí. Hay que acordar quién gestiona el sistema en el día a día y quién figura como contacto para la central, y se deja claro desde el principio. Es también la opción más práctica cuando por la vivienda han pasado varios inquilinos.
Sí. Securitas Direct pasó a operar bajo la marca Verisure: misma compañía, misma central receptora y mismo servicio técnico.
En menos de 24 horas laborables desde que dejas tu teléfono en el formulario. En esa llamada se conoce tu caso y se te da el precio; la instalación se agenda después, según tu disponibilidad.
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